Lali: “Si este año me vestía de monja, me iban a decir ‘chorra’” - Perfil (30-07-16)




“Si este año me vestía de monja, me iban a decir ‘chorra’”



Luego del éxito de 2015 con Esperanza mía, la actriz estrena en cine Permitidos, comedia acerca de la infidelidad en la pareja. Analiza su carrera, acepta los costos de la fama y jura que se ríe de sí misma.

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Sus selfies son noticia. Su segundo disco, Soy, ha llegado a superar a Beyoncé en el ranking Billboard Argentina (ella dice: “Es una bizarreada, y por suerte tengo pudor”) y llena los estadios donde pisa (8, 9, 10 y 11 de septiembre en el Teatro Opera). Y después de 15 años en la TV y con apenas 24 propios, Lali Espósito llega al cine este jueves con la comedia con corazón Permitidos, del especialista en el asunto Ariel Winograd, junto a Martín Piroyansky. Lo dice, simple e hipnóticamente directa, “estoy nuevita en la cuestión”. Y agrega: “Hay un terreno en la comedia todavía no muy explotado. Me da mucho orgullo y agradezco mucho a Ariel Winograd la oportunidad de hacer cine de esta envergadura con actores jóvenes. No es común: nosotros vamos a ver a Adrián Suar al cine, a Bertuccelli, a Francella, gente que son número uno en la comedia. Estamos acostumbrados a que la comedia nos la cuenten los de 40. Esta vez, entre los 24 y los 30 se abre un lugar a desarrollar”. Lali habla con confianza y nada suena a capricho, y en el film es Camila, una joven cuya pareja desde hace ocho años se desmorona por rozar con la fama y la infidelidad: “Yo creo que tengo mucho para dar en comedia. En muchos lados. Pero en comedia me salen muchas cosas”.
—¿Sale algo tuyo?
—Yo puteo bastante. Pero más allá de eso, es terreno donde siento que tengo mucho para hacer. Siempre me gustó mucho la comedia. Esperanza mía era una comedia, pero no había un personaje estipulado. Fue el sueño del pibe: me dijeron “estás vestida de monja y hacés una comedia”. ¡Dale!

—Este año no podías vestirte de monja, con lo de López…
—¡“Chorra”, me iban a decir! Pero más allá de la broma, fue un descubrimiento ver que la comedia tiene mil colores y quiero ahondar en todos esos.
—Tu personaje en un instante despotrica contra las modelos…
—Me río de mí. Yo hago una publicidad de shampoo y estoy ahí, en la película, contra el cartel. Creo que para hacer comedia es muy importante poder reírte de vos, y recién después de otras cosas. Cuando las comedias buenas funcionan es que hubo una situación trágica que terminó siendo comedia. Desde ese lugar sale la mejor comedia; si no, es un chiste por el chiste y nada más.
—Hace poco, en una declaración Cameron Díaz decía que la fama era parte de su trabajo, no su objetivo. ¿Cómo la vivís vos?
—Absolutamente de acuerdo con Cameron (se ríe). Yo creo, porque no me detengo a analizarlo, que tengo el filtro muy arraigado (no sé a quién se lo debo) de lo que es importante y lo que no. Soy muy consciente de mi laburo, no pongo en el mismo lugar a la prensa y el movimiento mediático que la gente. La gente en la calle es otro cantar. Lo que pasa con la gente no es comparable con lo que pasa con los medios. No creo en el artista al que no le importa la opinión del público, el músico que dice que le chupa un huevo si le compran el disco o van a ver su película. Todos hacemos arte, más popular, menos popular, más comercial o menos comercial, pero el hecho artístico necesita ser visto. La fama en la calle es parte de mi trabajo pero bien, yo disfruto de que vengan y me digan que miraron mi serie o mi película.
—¿Se puede desgastar esa sensación si seguís así diez años y de estar pidiendo que te saquen gente de encima?
—Te desgastás vos si pensás que es la fama lo que te construye. Es lo artístico, el laburo. Si en diez años sólo fuiste famoso, es probable que te rompa los huevos. Si en diez años avanzaste, aprendiste, hiciste otros proyectos, hiciste mil cosas, la fama es paralela a vos. No es el alimento de todos los días.
—¿En esas mil cosas qué te imaginas haciendo?
—Todo. Literalmente.
—Definamos “todo”.
—A mí me gusta mucho escribir, escribo lo que hago, la música es mi espacio. Escribo los guiones de los clips, escribo los visuales, en algún lado junto con mi equipo, que son mi propia productora. Tengo todo un costado de productora que a mí me gusta mucho. Honestamente, me veo sabiendo muchísimo más y con la autoridad para hacerlo, me veo dirigiendo cosas, o cosas artísticas del guión o ideas.
—¿Como artista hasta dónde te gustaría llegar?
—No de famosa sino de ambición: si yo llego a ser muy famosa algún día y hago un Madison Square Garden y no gustan las canciones que cante y el producto que ofrezco, entonces no me sirvió de una mierda. Si sigo este humilde camino, en música y en cine, me veo siempre siendo genuina, eligiendo con la intuición. Para mi corta edad he dicho que no a muchas cosas que cualquiera pensaría que tuve que decir que sí.
—¿Por ejemplo?
—La oportunidad, el rodaje de cosas que me chupaban un huevo pero “eran en New York”, contratos afuera. Yo creo profundamente que va a llegar eso por lo que yo laburé tanto.
—Pero cuando empezaste, ¿sabías que éste era el recorrido? ¿Acá querías llegar?
—Sí, sí, éste era el recorrido. Creo que ahora está empezando un poco esa imagen que tenía de mí de más chica. Yo siento que no es nada todavía. Que es importante, lindo, y que me sentó una base todo esto. Pero me falta todo el cine que quiero hacer, toda la música que quiero hacer. Me siento nueva. Hice 15 años de televisión.
—¿Cuál es tu cable a tierra?
—La familia. Pero la posta, ¿eh? La charla con tu vieja, la cagada a pedos de tu papá. Pequeñas cosas que te traen a la verdad. Yo necesito esa verdad. No necesito que me lo digan. Yo voy corriendo ahí cuando tengo el rato. Es un lugar muy verdadero para mí, pero éste, estos trabajos, también son mi verdad. Soy egocéntrica en eso: confío mucho en mí, no me veo bardeando, como comiéndome una.
—¿Hay algún lugar donde te brote más la sensibilidad en tu posición?
—Creo que no me entran muchas balas. No sé si soy una inconsciente de mierda o qué, pero las balas que me entraron fueron como un aprendizaje instantáneo. “Esto me molesta, ah, bueno, OK”.
—Bueno, tampoco podés darte el lujo de comerte la cabeza con tu nivel de exposición…
—Sí podés. Hay gente con menos nivel de exposición que se come cualquiera. Pero sucedería lo mismo si fuera abogada. Hay gente a la que la ascienden, y en lugar de ver más posibilidades, se frustra. Yo siento que tengo que aprovechar el crecimiento.

Contra los lugares comunes

—¿Qué te dio el cine que no habías vivido en un escenario o en un set de televisión?
—Particularmente en esta película, y gracias a la ayuda del director, Ariel Winograd, encontré una nueva manera de hacer comedia. Estaba muy acostumbrada, porque así lo exigían personajes que ya había hecho en tele, como Esperanza mía el año pasado, a una comedia mucho más para afuera, del disfraz, de la cara, mucho más exagerada. Más payasesca. Acá descubrí que la situación es lo gracioso: no Camila, mi personaje, no Lali. La situación es lo que crea comedia, no hay que hacerse el gracioso. Pero el personaje la pasa como el culo en serio. Fue un laburo que hicimos a la par con el director y estuvo buenísimo. Yo ahí aprendí un huevo. De cómo se ve, de cuál es la distancia entre cine y televisión.
—¿Qué te molesta de los lugares comunes que existen contra vos?
—No siento que me pongan en un lugar que me moleste. A veces sí, por el tipo de público que me sigue, que son adolescentes, aparece la idea de producto frívolo. Mucha gente me ha dicho que no se imaginaba cómo era mi show, después de verlo. Siento que es parte de cómo se bastardea siempre lo juvenil, pero también siento buena onda y respeto.
—¿Qué te hace reír a vos?
—Yo me hago reír. Me río conmigo misma. Me río medio de cualquier cosa. De las caídas, de cuando me caigo yo. Me hace reír lo obvias que somos las personas muchas veces. Me río cuando la gente hace algo que cree que los demás no se están dando cuenta y salta la ficha.
—¿Observás mucho a la gente?
—Mucho. Bastante. No me ves venir. Me río de la gente que cree que no se le nota.


http://www.perfil.com/contenidos/2016/07/30/noticia_0048.html




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