GENTE 2010: Casi Ángeles "estamos viviendo la primera vez en todo"



“Hacer el amor y tener sexo son dos cosas muy diferentes”


Los chicos crecen. Y cómo. Desde su debut en tevé en 2007 muchas cosas cambiaron en la vida de Peter Lanzani, María Eugenia Suárez, Gastón Dalmau, Mariana Espósito y Nicolás Riera. Los Casi Angeles van dejando la adolescencia y empiezan a vivir su primera vez en todo: el amor, el sexo, la relación con sus padres y la independencia. Así, las perlas de Cris Morena confiesan sin restricciones cómo empiezan a vivir su ingreso al mundo de los grandes.



Días antes del miércoles 21 de marzo del 2007 –fecha en que los Casi Angeles debutaron en la pantalla de Telefe y perdieron el anonimato–, María Eugenia Suárez (hoy 18) y Mariana Espósito (hoy 18) asistían por primera vez a una fiesta de quince. “En esa época, con suerte le dábamos un beso a alguien”, revela la morocha. Lógico: eran más chicas, más tímidas, más inocentes y todavía –pudor mediante– no Desbordaban en sensualidad.

“Mis viejos me dejaban salir hasta las dos de la mañana”, cuenta la rubia en tono de queja. Pero claro, todavía decían “presente” en el colegio, chusmeaban sobre chicos en los recreos y no sabían ni cómo pasar los cambios. “¡Yo ahora ya manejo!”, adelanta Lali.



Del otro lado, y otra vez en aquel 2007 que hoy parece tan lejano, estaban los hombres. Apenas más grandes que las chicas, pero con la cuota de ingenuidad tardía que caracteriza al género masculino. “El hombre siempre madura después que la mujer”, explica ahora Gastón Dalmau (26), “o al menos en mi caso”, agrega.

En ese entonces, Peter Lanzani (19) se entrenaba en Tortuguitas junto al plantel de Alumni, para llegar a ser jugador profesional de rugby. Nicolás Riera (25), por su parte, era el más desfachatado de su grupo de amigos: “¡Organizaba viajes de egresados y soñaba con darle un beso a Luisana Lopilato!”, confiesa. “Teníamos que trabajar mucho para robar un beso”, coinciden los tres.

Pero el tiempo pasó y los jóvenes ya no lo son tanto. O sí, pero no son “niños”. Por eso, cuatro años después de su aparición, los TeenAngels –Thiago, Mar, Tacho, Jazmín y Rama– hablan sin restricciones sobre todos los cambios que sufrieron...



PRIMERO LAS DAMAS. Las chicas ya no dan ese look taaaan adolescente de hace unos años.

–Parece que Mar y Jazmín crecieron de la mano de Lali y Euge. ¿Qué opinan al respecto?
Euge: La historia evolucionó con nosotros, tal cual.
Lali: Somos los mismos, pero más grandes. En la ficción es igual. Incluso nuestros fans atraviesan los mismos procesos.

–¿Son los mismos fans de siempre?∫
Lali: ¿Podés creer que todavía seguimos viendo las mismas caras que en Rincón de luz? ¡Siete años pasaron ya!
Euge: Están siempre parados en la calle Pampa, con un cartel que dice: “Crecimos con ustedes”.

–¿Qué costumbres cambiaron en estos años?
Lali: ¡Yo ahora manejo, ja! El año pasado mi mamá se dignó a enseñarme, así que ahora soy una ciudadana con registro y un lindo C3. Fue un buen cambio.

–¿Usás almohada en el asiento?
Lali: ¿Hoy viniste gracioso? Soy petisita, pero me las arreglo genial. Lo único que te voy a decir es que los que van en el asiento de atrás no pueden creer la comodidad que tienen para estirar los pies.

–Imagino que las restricciones de horario que les imponían sus padres ahora no son las mismas.
Euge: Obvio. Antes me dejaban salir sólo hasta las dos de la mañana. Encima, como mi grupo de amigas tiene dos años más que yo, siempre me quedaba en el pre-boliche. Era un bajón. Ahora ya no, ¡porque vivo sola!

–¿El sexo sigue siendo un tabú?
Euge: Estamos en el 2010. Los adolescentes de antes eran mucho más inocentes que ahora.
Lali: Al principio, Mar, con suerte se besaba con Thiago; ahora, la cosa fue avanzando. En la serie, por ejemplo, ya tuve una escena haciendo el amor.

–¿Conversan de sexo con sus padres?
Euge: Yo no. Me da cosa... Los chicos hablan muy poco de sexo con los padres. Eso queda para las amigas.
Lali: En mi caso tuve algunas charlas con mi mamá y mi hermana. Un día, mi vieja se acercó, y como quien no quiere la cosa, me empezó a hablar. Tampoco es que vino con el pizarrón, pero me quiso dejar claro que ella estaba para lo que necesitara saber. Fue muy valioso.

–¿Les contaron sus primeras experiencias?
Euge: Ja... ¡Para nada!
Lali: Hay cosas que cuento, otras que no. También está bueno proteger la intimidad.

–En eso, ¿cómo ven a los chicos?
Euge: El hombre es mucho peor. ¡Frecuenta mucho las zonas rojas! A nosotras nunca se nos ocurriría algo así. Ni siquiera sé si existe eso para mujeres...
Lali: Por ejemplo, si un pibe se come tres minas, es un capo; en cambio, si una mina se come tres flacos, es un gato. Partimos de la base que los filtros para juzgar a las personas no son equilibrados en este país.

–¿Quién les habló por primera vez de cómo cuidarse?
Lali: En el colegio. Es un tema que debería hablarse más. Eso evitaría muchos problemas.

–¿Están a favor del matrimonio gay?
Ambas: Me parece justo que todos tengan los mismos derechos para ser felices.

–¿Euge, hace cuánto que estás de novia con el nieto de Mirtha?
Euge: Ja, no, no, no... No salgo con el nieto de Mirtha. Salgo con Nacho Viale, lo aclaro. Y hace cuatro meses más o menos, respondiendo a tu pregunta.

–¿Te molesta que sea quién es? Me refiero a su parentesco, obvio.
Euge: La verdad, no me doy cuenta de eso. No me molesta ni me beneficia. Yo estoy de novia con Nacho, no con su familia. Pero todos me recibieron muy bien y estoy súper contenta.

–¿Y vos, Mariana? ¿Estás soltera?
Lali: Felizmente. No tengo tiempo para salir con nadie.

–En algún medio se te vinculó con Homero Pettinato. ¿Qué hay de cierto?
Lali: Ja. Fue sólo una humorada de la radio. Una vez fuimos a su programa y pegamos buena onda. Después él contó al aire que había quedado flechado conmigo, pero nada más que eso.

–¿Los chicos implementaron el Facebook y los mensajes de texto para invitarlas?
Euge: ¡¿Estás loco?! Si alguien me invita por teléfono a salir... ¡olvidate! Y ni hablar del Facebook o los mensajes de texto. Me gusta que vengan y te hablen de frente.
Lali: Tal cual. Hay que verle la cara al que te encara... Ja, ja, ja. Es necesario para ver qué te está queriendo decir. Los gestos dicen más que cualquier frase...

–¿Se besa en la primera salida?
Ambas: ¡Ni a palos!



AHORA, LOS CABALLEROS. El turno de los chicos. O no tanto. Porque Peter, Nico y Gastón ya no se ven como tres adolescentes tímidos.

–Ahora que crecieron, ¿desaparecieron las prohibiciones, o todavía hay control en casa?
Peter: ¡Naaaaah! ¡Mucho menos! Antes no podía salir todos los días, y tenía un horario de vuelta. Hoy no salgo todos los días, pero son diez veces más flexibles.

–¿Abandonaste el rugby?
Peter: ¡Ya hace dos años! Pero fue una prohibición de la producción, porque dijeron que me podía lastimar. Igual, tarde o temprano voy a volver.

–¿Cómo evolucionó la relación con sus padres?
Nico: Ahora es más madura. Antes no quería saber nada con mis viejos; de hecho, en mi época de rebeldía me acuerdo que les exigía que no me preguntaran nada de mi vida. Era terrible.

Peter: A mí nunca me gustó hablar de mí; soy bastante introvertido. Me acuerdo de que iba a la casa de un amigo que le contaba a la vieja que la noche anterior se había chapado a tres minas. ¡Y la madre lo felicitaba! Yo no entendía nada.

–¿Hablaban de sexo con ellos?
Peter: Muy poco (coinciden los tres).

–La primera experiencia sexual, por ejemplo...
Gastón: ¡Ja! Yo, la primera vez, reuní a mis hermanos y a mi viejo en la cocina y les conté todo. Hasta mi vieja quería escuchar. No la dejé, claro. Fue raro, pero estuvo bueno.

–¿Y quién les hablaba de sexo entonces?
Peter: En el colegio, o con amigos.
Gastón: En mi casa un poco se hablaba. Es fundamental la educación sexual.
Nico: Sí, tal cual. Tu familia es la gente que más te quiere; nunca te enseñarían mal las cosas. Me acuerdo que mi viejo, cada vez que me iba a veranear con mis amigos, me daba una caja de preservativos. ¡Siempre volvió nueva la caja! Tenía 16 años, no entendía nada.

–Las chicas acusan que los hombres suelen acudir a las zonas rojas para perder la virginidad. ¿Qué opinan?
Gastón: Yo nunca pagué, y no pienso hacerlo. En mi pueblo no era así: cada uno lo hacía con quien podía.
Nico: Los que pagan son los que quieren ver a una mujer desnuda. Hacer el amor y tener sexo son dos cosas muy diferentes.

–¿Qué diferencias hay?
Nico: El sexo es una cuestión de carne, de deseo. Pero hacer el amor es eso: una demostración de amor. En el programa ponemos énfasis en este tema, porque así lo sentimos todos.
Peter: El sexo con amor te llena en cuerpo y alma. Es muy distinto al sexo por el sexo mismo. Creo que casi todos los jóvenes deseamos que nuestra primera vez sea con la persona que amamos. Unas veces se da, y otras no... Todas son experiencias que sirven en la vida.

–¿Cómo encuentran a las mujeres en ese tema?
Peter: Todo depende de la mujer y la edad que tenga.
Nico: Mmm... No sé, eh... Ahora ellas son casi como los hombres. No se sienten tan trabadas como antes para hacer o decir lo que sienten. Si tienen ganas, te invitan a salir, o te encaran de una, sin drama.
Gastón: Ahora mucho más que antes. Las chicas ya no se quedan sentadas esperando que un hombre las llame. Muchas, si quieren algo, toman la iniciativa.

–¿Se acuerdan del primer preservativo que tuvieron en sus manos?
Peter: Sí, fue a los 12. Estábamos en una fiesta con mis amigos y entre todos hicimos una colecta para sacar uno de la máquina del baño. Muy gracioso.

–¿Qué hicieron?
Peter: Lo abrimos y lo inflamos, supongo. Era la novedad.
Nico: A mí me llegaron a decir que usara dos, para estar más seguro. ¡Una locura! La falta de información es muy peligrosa en ese sentido.

–Cambiemos de tema: ¿cómo invitan a las chicas a salir?
Peter: Yo estoy más en la movida de pre-boliches. Organizamos salidas con chicas y después vemos qué sale. La verdad es que estoy muy tranquilo así. Me gusta.
Nico: Yo aprovecho mucho el río. Hay algunos bares en San Isidro que quedan en la costa. Es un buen lugar para ir con chicas. ¡Lo aconsejo!
Gastón: Yo soy más tradicional: casa, cocina y película. No falla.

–¿Se besa en la primera salida?
Peter: Depende del grado de histeria de la chica.
Gastón: Un poco me parece que está bien. Yo también soy un poco histérico, no te voy a mentir. Si no, se termina la emoción muy rápido.
Nico: A la histeria te la guardás para las chicas que te gustan en serio. Cada mujer es especial y única. ¡Terminá la nota con esa frase, por favor!


Por Juan Cruz Sánchez Mariño. Fotos: Alejandra Bratín.


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